Escrita en 1958, cuando Thompson contaba con 20 años de edad. Está publicada en la el primer volumen de “The Fear and Loathing letters”, titulado “The Proud Highway. Saga of a desperate southern gentelman. 1955-1967″.
TO HENRY EICHELBURGUER
Eichelburger was in his third year of studying biology and zoology at Tulane University. Thompson was looking to reap the fruits of an evening he had spent with “Ike” in the French Quarter, during which his friend did nothing but brag about the women he had conquered one summer in New York.
January 9, 1958
110 Morningside Drive
Apt. 53
New York, New York
Dear Ike,
I trust this missive finds you healthy, wealthy, and striving for the dean’s list. I wouldn’t have you any other way, you know.
Seriously, by now I’m sure that you’ve noticed the return address and that you’ve heaved the called-for sigh of relief at the realization that I’m not about to descend on you again… so let me come immediately to the point.
The point is very biological, and that should suit you rather well. To be brief, I am in New York for an indefinite period and I’m desperately in need of sexual satisfaction. I seem to remember now that you spent the summer up here in an apartment full of lusty young women. Where is that apartment: I must know. I would also like to know -just as soon as you can get a letter in the mail- any other names, places, addresses, and so forth, which would be of aid to a young rake prowling around this overpopulated isle. Come now, I’m sure you must know hundreds of uninhibited women I can comfort in my own peculiar manner. No living human could spend an entire summer here without making innumerable vital contacts. And I am indeed serious: if you know any drunks, bums, whores, etc. -by all means clue me in. I have come to write my way to fame and dortune, and I need colorful material.
Increíble el ritmo de este vídeo en youtube que mezcla música e imágenes de películas de Tarantino:
Por lo que veo en uno de los comentarios, este es el listado de la música que suena:
Dusty Springfield – Son of a preacher man
1:30-> Al Green – Love and Happiness
2:20-> Kool & The Gang -Jungle Boogie
2:44 ->Harry Nilsson Coconut
4:00-> Don’t Let Me Be Misunderstood – Santa Esmeralda
5:20-> Opening Theme (Dick Dale and His Del Tones Miserlou) Pulp Fiction
6:35 -> Chuck Berry – You Never Can Tell
“Get Carter” es una película de 1971, dirigida por Mike Hodges y con Miachel Caine en el papel de un vengativo gangster que se traslada de Londres a Newcastle para esclarecer la muerte de su hermano.
En 1999, “Get Carter” fue elegida en el puesto 16 entre las 100 mejores películas británicas del siglo XX. Cinco años más tarde, una encuesta entre crítcos de la revista “Total Film” la eligieron la mejor película británica de la historia.
La secuencia de créditos iniciales es a mi gusto lo mejor de la película. El uso de la música de Roy Budd me hizo pensar en películas inglesas de gangsters posteriores como “Lock, Stock and two smoking barrels” o “Snatch”.
Dustin Hoffman interpretando el papel del cómico Lenny Bruce en la película de Bob Fosse, “Lenny”, de 1974:
The trouble is we all live in a “happy ending” culture. A “what should be” culture instead of a “what is” culture. We’re taught that fantasy, but if we were taught “This is what is”, l think we’d be less screwed up. Dig what l mean.
l’d like to show you people some really dirty pictures that relate to your daughter, or my daughter. These are some pictures of the Kennedy assassination. Now… l say these are dirty pictures, because the captions are bullshit. “Never for an instant did she think of flight.”
Now, that’s bullshit. That’s my conclusion. Time magazine’s conclusion is that this woman was trying to get out of the car to get help or trying to help the secret service man aboard. That’s their conclusion, and we buy it. But l think she did the normal thing, man! When the president and governor got it, she tried to get the hell out of there! But they want us to believe this bullshit! They want my daughter, our daughters, if their husbands get their faces shot off some day, and they try to haul ass to save their asses, if they do the normal thing, then they’ll feel guilty and shitty, because they’re not like that good woman in the fantasy! lt’s a dirty lie to tell the people that if you’re good, you stay, and if you’re bad, you run, because she didn’t stay!
Durante un tiempo, me soprendí dedicando ratos más largos de lo normal a observar las fotos que ilustraban los anuncios de Louis Vuitton en la revista Time. Este hecho podía achacarse al gancho de los protagonistas de esta publicidad: Catherine Deneuve, Sean Connery, Francis y Sofía Coppola, Keith Richards… Quizá era lo inesperado de encontrarme a Mijail Gorbachov ante el muro de Berlín anunciando bolsos. O a tres históricos astronautas, observando la luna para promocionar dicho producto.
Sin embargo, lo que realmente hace que estos anuncios sean una obra de arte es la fotógrafa tras la cámara: la norteamericana Annie Leibovitz. Desde entonces admiro su trabajo, y es que basta una rápida búsqueda en las imágenes de Google para ver cuantas fotografías que conocemos (en mi caso la de Yoko Ono y John Lennon, la de Demi Moore o la de la reina Isabel de Inglaterra, entre otras) fueron tomadas por ella.
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Julio Cortázar, “Historias de Cronopios y de Famas“
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
No sé si sea mi mala suerte o si a otros colegas también les sucedió, pero cada vez que me encontraba en territorio estadounidense -podía ser en el bar de un aeropuerto, en una reunión social o donde fuera- y cometía la imprudencia de reconocer ante un ciudadano de ese país que soy escritor de ficciones y procedo de Latinoamérica, éste de inmediato tenía que desenvainar a García Márquez, y lo hacía además con una sonrisa de autosuficiencia, como si me estuviera diciendo “Los conozco, sé de qué van ustedes” (claro que me encontré con otros más silvestres, que alardeaban con Isabel Allende o Paulo Coelho, lo que tampoco hacía diferencia, porque se trata de versiones light y de autoayuda de García Márquez). En los tiempos que corren, sin embargo, esos mismos ciudadanos, en los mismos bares de aeropuertos o en reuniones sociales, han comenzado a desenvainar a Bolaño.
Artículo de Horacio Castellanos Moya. Se puede leer completo [aquí].
En referencia a mi interés en la magia estos últimos diez años, una de las fórmulas más útiles en la alquimia específicamente, es “solve et coagula”, donde “solve” es el acto de disolver algo, donde tomamos algo aparte y estudiamos como funciona; lo que en términos modernos sería llamado análisis. En un marco científico, lo llamaríamos reduccionismo. La otra parte de la fórmula es “coagula”, que es síntesis en lugar de análisis, holismo en vez de reduccionismo, el acto de volver a montar algo esperando una mejora. Una vez que has desmontado el reloj en piezas y has visto qué es lo que hacía que se atrasara, lo vuelves a montar esperando que funcione mejor.
Diría que hay muchísimo “solve” en nuestra cultura, pero muy poco “coagula”. Hay gente que parece intimidarse por la complejidad de nuestra cultura hasta el punto en que se asustan de ella en lugar de tratar de poner esas miles de piezas de puzzle formando alguna imagen útil, coherente.
Las palabras de Moore me han hecho pensar en la cantidad de artistas actuales que dicen no querer llegar a ninguna conclusión, que su objetivo es mostrar, hacer el análisis, y que el lector/espectador/observador saque su propia conclusión. Quizá es una forma de evitar esa fase de síntesis de la que habla Moore.
Nos hemos llegado a acostumbrar a obras como las cubistas, en las que se nos muestran las piezas del puzzle, sin encajar completamente.