Archive for the ‘viajes’ Category

No habrá paraíso ni amores deshojados

septiembre 10, 2013

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Poeta en Nueva York, Federico García Lorca (1929-1930).

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Nunca muere nadie en Chinatown

septiembre 9, 2013

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Vi también montones de sustancia orgánica, supuestamente comestible, en subterráneos llenos de ratas; cientos de patos lacados; mozos de almacén chinos probablemente provistos de pasaportes emitidos 80 años atrás (nunca muere nadie en Chinatown: la documentación pasa a manos de otro, en una suerte de reencarnación civil), y mucha oscuridad.

“Historias de Nueva York”, Enric González (2010).

Ese asfalto abrupto de la ciudad

septiembre 8, 2013

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El taxi grande y con mala suspensión navegaba ya sobre el pavimento ondulado, sobre costurones de zanjas mal tapadas y planchas metálicas, ese asfalto abrupto de la ciudad que despierta la memoria del recién llegado igual que el enlosado irregular del patio de un palacio de París le traía a Marcel Proust la sensación instantánea de caminar de nuevo por la catedral de San Marcos en Venecia.

“Ventanas de Manhattan”, Antonio Muñoz Molina (2004).

There are roughly three New Yorks

septiembre 7, 2013

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There are roughly three New Yorks. There is, first, the New York of the man or woman who was born there, who takes the city for granted and accepts its size, its turbulence as natural and inevitable. Second, there is the New York of the commuter–the city that is devoured by locusts each day and spat out each night. Third, there is New York of the person who was born somewhere else and came to New York in quest of something. Of these trembling cities the greatest is the last–the city of final destination, the city that is a goal. It is this third city that accounts for New York’s high strung disposition, its poetical deportment, its dedication to the arts, and its incomparable achievements. Commuters give the city its tidal restlessness, natives give it solidity and continuity, but the settlers give it passion. And whether it is a farmer arriving from a small town in Mississippi to escape the indignity of being observed by her neighbors, or a boy arriving from the Corn Belt with a manuscript in his suitcase and a pain in his heart, it makes no difference: each embraces New York with the intense excitement of first love, each absorbs New York with the fresh yes of an adventurer, each generates heat and light to dwarf the Consolidated Edison Company. . . .

“Here is New York”, E.B. White (1948).

Metropolitan Museum

agosto 15, 2011

Las tallas egipcias de madera polícroma, las cabezas de basalto de los dioses y los faraones, los gatos momificados, las estelas funerarias griegas, los ídolos abstractos de las islas Cicladas, los bronces romanos de caras atormentadas y ansiosas, los carros etruscos, los cristos medievales, las rejerías góticas, los patios de palacios renacentistas, las armaduras de morriones emplumados y filigranas de acero, los clavicémbalos que pudo tocar Johann Sebastian Bach, los violines de Cremona, los toros alados asirios, las máscaras ceremoniales del centro de África, los trajes de brocados y los antifaces del carnaval de Venecia, las piraguas con calaveras talladas de los antropófagos de Polinesia, los primeros daguerrotipos, los bocetos en cera de las bailarinas de Degas, los mármoles y los bronces de Rodin, las pinturas eróticas de un dormitorio de Pompeya, una columna rota del templo de Diana en Éfeso, tan grande como el tronco de una sequoia, una Mujer de blanco pintada por Picasso en 1923 que es un retrato idealizado y una declaración de amor a su amiga norteamericana Sarah Murphy, un autorretrato de Giorgio de Chirico, una escena de cafetería de Edward Hopper, la luz gris de una habitación de Vermeer, la dignidad sosegada y alerta del Juan de Pareja de Velázquez, los vidrios pintados de una lámpara Tiffany, la historia entera de las artes, de las vidas, de todas las religiones y las herejías, de las técnicas egipcias de momificación, de los imperios y de las ruinas, de los arqueólogos que iluminaban con lámparas de petróleo las cámaras de las tumbas y excavaban la arena de los desiertos, de la soberbia de los plutócratas americanos que a finales del XIX recorrían el mundo comprando tesoros, templos enteros, obeliscos egipcios, pórticos despedazados, amuletos prehistóricos, collares incas de oro macizo, ojos de vidrio de exvotos ofrecidos en santuarios griegos: el Metropolitan es el reverso de esas religiones puritanas que proscriben las imágenes como blasfemias contra Dios; es el archivo del culto primitivo y plural de todas las imágenes, el santuario ingente consagrado a su celebración, a honrar a quienes las tallaron, las esculpieron, las pintaron, atreviéndose a reflejar la riqueza del mundo visible y a competir con ella creando gozosos simulacros que la imitan o imaginando criaturas que no existen en la realidad.

Antonio Muñoz Molina, Ventanas de Manhattan

Museum Girl

Música para viajar

agosto 7, 2009

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“Music has always been a matter of Energy to me, a question of Fuel. Sentimental people call it Inspiration, but what they really mean is Fuel. I have always needed Fuel. I am a serious consumer. On some nights I still believe that a car with the gas needle on empty can run about fifty more miles if you have the right music very loud on the radio.”

Dr. Hunter S. Thompson

Canciones para viajar, según El País

Viajar según John Steinbeck

diciembre 16, 2008

Cuando yo era muy joven y tenía dentro esa ansia de estar en otro sitio, las personas mayores me aseguraban que al hacerme mayor se me curaría este prurito. Cuando los años me calificaron de mayor, el remedio prescrito fue la edad madura. En la edad madura se me aseguró que con unos años más se aliviaría mi fiebre y ahora que tengo cincuenta y ocho tal vez la senilidad realice la tarea. No ha habido ningún remedio eficaz. Cuatro ásperos pitidos de la sirena de un barco aún me erizan el pelo de la nuca y ponen mis pies en movimiento. El sonido de un reactor, un motor calentándose, hasta el toc-toc de unos cascos herrados en el pavimento producen el viejo estremecimiento, la boca seca y la mirada perdida, las palmas ardientes y una agitación del estómago bajo la caja torácica. En otras palabras, no mejoro; en otras palabras más, el que ha sido vagabundo alguna vez, lo será siempre. Me temo que se trata de una cosa incurable. Expongo esto no para instruir a otros sino para informarme yo mismo.

Cuando el virus del desasosiego empieza a tomar posesión de un hombre rebelde, y el camino que lleva lejos de Aquí parece ancho y recto y agradable, la víctima debe hallar en primer lugar en sí misma una razón buena y suficiente para irse. Esto al vagabundo efectivo no le es difícil. Tiene incorporado un huerto de razones donde elegir. Luego debe planear su viaje en el tiempo y en el espacio, elegir una dirección y un destino. Y debe por último realizar el viaje. Cómo ir, qué llevar, cuánto tiempo estar. Esta parte del proceso es invariable e inmortal. La explico sólo para que los recién llegados al vagabundeo no crean, como adolescentes con un pecado recién urdido, que lo inventaron ellos.

Después de trazar el plan, disponer el equipo e iniciar un viaje, interviene y se hace cargo un nuevo factor. Cada viaje, safari, o exploración, es una entidad, es diferente de todos los demás viajes. Tiene personalidad, temperamento, individualidad, carácter único. Un viaje es una persona en sí; no hay dos iguales. Y los planes, las salvaguardas, el control y la coerción son todos infructuosos. Descubrimos tras años de lucha que no hacemos un viaje: es el viaje el que nos hace a nosotros. Guías, programas, reservas, cosas obligadas e inevitables, naufragan y se hunden ante la personalidad del viaje. Sólo cuando admite esto puede el vagabundo de pura cepa relajarse y asumirlo. Sólo entonces se disipan las frustraciones. En esto un viaje es como el matrimonio. La forma segura de equivocarse es pensar que lo controlas. Me siento mejor ahora, después de haber dicho esto, aunque sólo los que lo han experimentado lo entenderán.

De “Viajes con Charley”, de John Steinbeck

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Ciudades

octubre 16, 2008

Las ciudades están hechas de personas,
no sólo son piedras, tiempo y arena.

Apuntes sobre una playa del norte de Inglaterra

agosto 29, 2008

This is Blackpool:

Cuadernos de viaje

marzo 6, 2008

Navegando a la deriva he llegado a dos vídeos de youtube que muestran sendos cuadernos de viaje del arquitecto Álvaro Carnicero.

Este es de un viaje a Polonia:

Este otro de un viaje a León:

En su página en flickr se pueden ver preciosos dibujos. (Recomiendo especialmente el uso de PicLens, plugin que ya vimos en otra ocasión en Ladridos).