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Paris y Enone

enero 1, 2009

Paris era un pastor feliz. Junto a su amante Enone, una ninfa de las fuentes, cuidaba de sus rebaños y cazaba. Tal era el amor de Paris por Enone que repetidas veces grabó sus nombres en la corteza de álamos y hayas.

Pero los frívolos dioses se cruzaron en su camino, haciendo de él involuntario juez de sus entretenimientos. Fue elegido por Zeus para señalar entre Hera, Atenea y Afrodita quién era la diosa más bella. Afordita obtuvo su voto a cambio del amor de Helena de Esparta.

Paris viajó a Esparta y fue recibido con grandes honores pues ya sabían que el antiguo pastor era en verdad el hijo de Príamo, rey de Troya. Paris hizo de Helena su esposa, ultrajando a la hospitalidad de su marido Menelao. Esta afrenta desembocó en la guerra de Troya.

griegos

Durante la guerra, al ser herido mortalmente por las flechas del arco de Heracles disparadas por Filoctetes, Paris no pide a los troyanos que le lleven con su esposa Helena. Paris quiere ir al monte Ida, donde habita Enone, su primer amor. Paris le suplica que le cure, pero Enone, inundada por un sentimiento de profundo despecho no puede sino negar con la cabeza.

Al poco tiempo, Enone, ahogada por una pena infinita, se apresura hacia Troya con un cesto con drogas curativas. Sin embargo, es demasiado tarde, pues cuando consigue encontrar a Paris éste yace ya muerto.

Más tarde, en un frenesí de dolor, Enone se lanzaría sobre las llamas de la pira funeraria donde se calcinaba el cuerpo inerte de Paris para morir abrazada a su amor verdadero.

Cuatro teorías para una librería total, de Jorge Carrión.

febrero 21, 2008

¡Qué placer encontrar una alabanza a las librerías como esta!

Me dedico aquí a presentar su primera parte “Teoría del hotel y del caos”, que me ha encantado. El comienzo, aludiendo al viaje como encuentro, es maravilloso. El texto completo se puede leer en la página del autor: aquí.

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1. Teoría del hotel y del caos.

La epifanía del viaje es el encuentro. Entre dos personas (dos cuerpos, dos biografías), entre el viajero y un espacio (quieto) y entre un viajero y un tiempo (transitorios). La librería es al mismo tiempo un lugar de paso y un contexto sedentario. En su afán devorador, el supermercado de libros integra los elementos que han individualizado a la librería tradicional. La cafetería o el trato personalizado son, una vez imitados, reproducidos en serie. Pierden así su aura. Sin embargo, hay elementos cuya copia no es posible. Por ejemplo, las fachadas pintorescas, vetustas, idóneas para la postal. O por ejemplo la tendencia a convertirse en hoteles.

Todo el párrafo anterior se vuelve espacio en la librería más famosa del mundo: la Shakespeare & Co. de París. Hay otra en Nueva York, pero la del Viejo Continente continúa siendo la mítica. Cuenta George Whitman, su alma máter, que desde que leyó por primera vez al viajero francés Michel Peissel deseó conocerlo; cuando éste finalmente visitó la librería del número 37 de la Rue de la Bûcherie, le confesó que ya se habían conocido mucho tiempo atrás, porque en la adolescencia el futuro trotamundos había frecuentado aquellos mismos anaqueles: habían sido precisamente los relatos de viajeros que allí había comprado los que habían provocado sus ansias de partir. Era un doble encuentro con el origen. El del escritor con la librería donde se gestó su vocación y el del librero con el recuerdo de sus tiempos de vagabundo. Whitman sostiene que su local se convirtió en hotel porque de algún modo debía devolver la hospitalidad que él había recibido en su juventud sin domicilio. Por eso su lema es: “Be not inhospitable to strangers lest they be angels in disguise”.

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Abrió en 1951, en un edificio que en siglo XVI era un monasterio. Con el tiempo la planta baja fue absorbiendo los metros cuadrados adyacentes: tres locales comerciales y tres viviendas se han fundido en un “wonderland of books” (Henry Miller dixit). ¿Con qué objetivo? Con el de succionar todo lo que tiene que ver con el libro. El té o el café de la tarde. La biblioteca personal y la pública. El sofá y la cama para los invitados. En Shakespeare and Company se organizan presentaciones de libros, festivales, talleres. A ningún escritor con ganas de trabajar se le niega el alojamiento. En la reciente película Antes del atardecer aparece retratada en su doble esencia: embajada anglosajona y nido romántico. Porque nunca se integró completamente en la cultura francesa, tal vez por fidelidad a Hemingway, Pound, Gertrude Stein o Joyce, que frecuentaron la Shakespeare and Co. de Sylvia Beach, su precedente directo, porque en el legendario establecimiento de entreguerras se inspiró Whitman para su proyecto (su librería se llamó inicialmente Le Mistral).

Hay otra característica de la librería tradicional que no puede ser clonada por las superficies comerciales: la tendencia al caos. Obviamente, la informatización del mundo controla el impulso natural de una librería al desorden, a la enumeración caótica: al laberinto. Sin embargo, la librería parisina es puro desorden disfrazado de clasificación. Los espejos y los cuadros colaboran a ese ambiente saturado, tan propio de las librerías de viejo. Una sensación similar se tiene al entrar en la mejor librería de Sydney, Gleebooks: te salta a los ojos un calidoscopio abigarrado de lomos multicolores, estanterías de color cerezo, moqueta verde, portadas dedicadas por escritores expuestas en las paredes… Pronto, no obstante, descubres el orden, que te lleva –a través de unas escaleras con placas que recuerdan varios premios al mejor “bookseller of the year” desde su apertura en 1975– hasta la buhardilla donde se hacen presentaciones de libros y lecturas públicas. Se diría que en la librería tradicional el caos tiene que figurar, aunque sólo sea en apariencia. Forma parte de lo humano. No hay librería impostora más fácil de detectar que aquella que ofrece libros perfectamente apilados y debidamente precintados.

Quince propuestas para antes de que el cielo se desplome sobre nuestras cabezas

febrero 20, 2008

1. Escapar del castillo de If.

2. Desayunar en un café tras una noche en la que nadie ha dormido por culpa de la luna llena.

3. Partir con Sir Galahad a la búsqueda del Santo Grial.

4. No parar de moverse, obedeciendo a Sal Paradise o a Dean Moriarty.

5. Casarse con Isis el quinto día de mayo.

6. Mudarse a Paris y vivir como artistas.

7. Hablarle a la calavera de Yorick.

8. Tomarle el pelo al amo del calabozo.

9. Marcarle un penalty a Benji Price.

10. Visitar Syldavia.

11. Dejar ganar a la ruleta al Capitán Renault.

12. Recibir una bofetada de Gilda.

13. Pedirle a Roxanne que se quite el maquillaje.

14. Asumir que no se puede perder lo que nunca se ha tenido, así como que nadie canta el blues como Blind Willie McTell.

15. Buscar un lugar de La Mancha donde aún queden gigantes a los que enfrentarse.