Archive for 27 febrero 2008

Sesión Doble

febrero 27, 2008

Ladridos propone una sesión doble de cine policiaco de culto: “Bullit” y “Dirty Harry” (Harry el sucio). Steve McQueen es Frank Bullit, Clint Eastwood es Harry Callahan. Ambos son policias de métodos poco ortodoxos. Sus individualidades ponen en jaque a sus correspondientes superiores. Persecuciones interminables en San Francisco, tiroteos, frases lapidarias y música de Lalo Schifrin, que sumerge al espectador en esos finales de los sesenta, principios de los setenta.

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Como muestra de lo que os espera si seguís la recomendación de Ladridos, aquí os dejo los créditos iniciales de cada una de las películas.

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Curiosa página para “pintar como Picasso”

febrero 26, 2008

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Como ya vimos en Ladridos hace un tiempo, existe una página web que permite emular de forma simpática el arte de Jackson Pollock [link al post]. Hoy tenemos por aquí “Mr. Picasso Head“, que permite imitar los retratos de Picasso a todo aquel que tenga un poco de pericia con el ratón.

Yo ya me he atrevido a realizar un autorretrato, y este ha sido el resultado: ver cuadro.

Debates electorales.

febrero 25, 2008

Candidato 1: Mire usted, dos más dos son cinco.

Candidato 2: ¡Mentira! ¡Dos y dos son seis!

Escuchar música online

febrero 24, 2008

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Hace unos meses veíamos aquí en Ladridos como musicovery nos brindaba la oportunidad de crear “una emisora de radio virtual” para escuchar música del estilo que más nos gustase de forma online. Esta web tiene el atractivo de que nos puede servir para descubrir muchas canciones, cantantes o grupos que no conocíamos previamente.

Sin embargo, si lo que queremos es escuchar un tema en concreto, existen otras webs más apropiadas para ello. Hoy presentamos más alternativas:

radio.blog.club

SkreemR

Una vez dicho esto, a disfrutar de la tarde del domingo con buena música. Y por supuesto, si conoces otras webs interesantes para escuchar música en internet y quieres compartir “tu método”, no dudes en postear un comentario.

El gesto de la muerte, de Jean Cocteau

febrero 23, 2008

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahán.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

-Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahán esta mañana, y debo tomarlo esta noche en Ispahán.

Palabras, palabras, palabras (II)

febrero 23, 2008

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Esto fue algo así como una respuesta a esto otro.

PicLens, plugin para Firefox

febrero 22, 2008

Este plugin permite navegar por colecciones de fotos de forma cómoda y vistosa. Con él se puede convertir el resultado de una búsqueda de imágenes en Google, Flickr, etc. en algo como esto:

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Para saltar de una fotografía a otra basta con usar los cursores del teclado, y pulsando la teclar Enter haremos zoom en lo que nos interese.

PicLens se puede obtener de forma gratuita aquí.

Cuatro teorías para una librería total, de Jorge Carrión.

febrero 21, 2008

¡Qué placer encontrar una alabanza a las librerías como esta!

Me dedico aquí a presentar su primera parte “Teoría del hotel y del caos”, que me ha encantado. El comienzo, aludiendo al viaje como encuentro, es maravilloso. El texto completo se puede leer en la página del autor: aquí.

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1. Teoría del hotel y del caos.

La epifanía del viaje es el encuentro. Entre dos personas (dos cuerpos, dos biografías), entre el viajero y un espacio (quieto) y entre un viajero y un tiempo (transitorios). La librería es al mismo tiempo un lugar de paso y un contexto sedentario. En su afán devorador, el supermercado de libros integra los elementos que han individualizado a la librería tradicional. La cafetería o el trato personalizado son, una vez imitados, reproducidos en serie. Pierden así su aura. Sin embargo, hay elementos cuya copia no es posible. Por ejemplo, las fachadas pintorescas, vetustas, idóneas para la postal. O por ejemplo la tendencia a convertirse en hoteles.

Todo el párrafo anterior se vuelve espacio en la librería más famosa del mundo: la Shakespeare & Co. de París. Hay otra en Nueva York, pero la del Viejo Continente continúa siendo la mítica. Cuenta George Whitman, su alma máter, que desde que leyó por primera vez al viajero francés Michel Peissel deseó conocerlo; cuando éste finalmente visitó la librería del número 37 de la Rue de la Bûcherie, le confesó que ya se habían conocido mucho tiempo atrás, porque en la adolescencia el futuro trotamundos había frecuentado aquellos mismos anaqueles: habían sido precisamente los relatos de viajeros que allí había comprado los que habían provocado sus ansias de partir. Era un doble encuentro con el origen. El del escritor con la librería donde se gestó su vocación y el del librero con el recuerdo de sus tiempos de vagabundo. Whitman sostiene que su local se convirtió en hotel porque de algún modo debía devolver la hospitalidad que él había recibido en su juventud sin domicilio. Por eso su lema es: “Be not inhospitable to strangers lest they be angels in disguise”.

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Abrió en 1951, en un edificio que en siglo XVI era un monasterio. Con el tiempo la planta baja fue absorbiendo los metros cuadrados adyacentes: tres locales comerciales y tres viviendas se han fundido en un “wonderland of books” (Henry Miller dixit). ¿Con qué objetivo? Con el de succionar todo lo que tiene que ver con el libro. El té o el café de la tarde. La biblioteca personal y la pública. El sofá y la cama para los invitados. En Shakespeare and Company se organizan presentaciones de libros, festivales, talleres. A ningún escritor con ganas de trabajar se le niega el alojamiento. En la reciente película Antes del atardecer aparece retratada en su doble esencia: embajada anglosajona y nido romántico. Porque nunca se integró completamente en la cultura francesa, tal vez por fidelidad a Hemingway, Pound, Gertrude Stein o Joyce, que frecuentaron la Shakespeare and Co. de Sylvia Beach, su precedente directo, porque en el legendario establecimiento de entreguerras se inspiró Whitman para su proyecto (su librería se llamó inicialmente Le Mistral).

Hay otra característica de la librería tradicional que no puede ser clonada por las superficies comerciales: la tendencia al caos. Obviamente, la informatización del mundo controla el impulso natural de una librería al desorden, a la enumeración caótica: al laberinto. Sin embargo, la librería parisina es puro desorden disfrazado de clasificación. Los espejos y los cuadros colaboran a ese ambiente saturado, tan propio de las librerías de viejo. Una sensación similar se tiene al entrar en la mejor librería de Sydney, Gleebooks: te salta a los ojos un calidoscopio abigarrado de lomos multicolores, estanterías de color cerezo, moqueta verde, portadas dedicadas por escritores expuestas en las paredes… Pronto, no obstante, descubres el orden, que te lleva –a través de unas escaleras con placas que recuerdan varios premios al mejor “bookseller of the year” desde su apertura en 1975– hasta la buhardilla donde se hacen presentaciones de libros y lecturas públicas. Se diría que en la librería tradicional el caos tiene que figurar, aunque sólo sea en apariencia. Forma parte de lo humano. No hay librería impostora más fácil de detectar que aquella que ofrece libros perfectamente apilados y debidamente precintados.

Palabras, palabras, palabras (I)

febrero 21, 2008

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Si las paredes hablaran…

febrero 20, 2008

Si las paredes hablaran…