Posts Tagged ‘cuento’

Harry’s Agencia de Detectives

agosto 14, 2011

En enero de 2011 Javier G. abandonó un trabajo como ingeniero y con sus ahorros, y ante el escándalo de sus familiares y allegados, montó un negocio propio. Alquiló un local en un octavo piso y de su ventana colgó un cartel con un mensaje en letras negras sobre amarillo. No fue “COMPRO ORO”, sino “Harry’s Agencia de Detectives”. Junto al título, un número de teléfono. Las siluetas de una pipa y una lupa, sirvieron de logotipo.

Pasaron dos meses. Dos meses sin ninguna llamada. Javier, o Harry, mata el tiempo leyendo a Hammet (El halcón maltés, Cosecha roja y La llave de cristal) y a Chandler (El sueño eterno y El largo adiós). Ve dos películas de Billy Wilder y cuatro con Humphrey Bogart. También ve L.A Confidential, una madrugada, en Antena 3 . Come pizzas Dr. Oetker y alitas de pollo McCain. Bebe whisky (a veces) y Coca-cola. A finales de marzo suena el teléfono. Preguntan por una carnicería. ¿Dónde? Quieren encargar chuletas. Ah. Se ha debido de equivocar. No pasa nada. Buenas tardes.

Un día alguien sube a su oficina y le plantea un caso. Es una mujer. No es rubia. No es guapa. No fuma cigarrillos con boquilla porque desde el 1 de enero de 2006 está prohibido fumar en lugares de trabajo (tanto públicos como privados, ya sea con boquilla o sin ella, eso no importa). El aliento le huele a tabaco. Huele a tabaco, sudor, y a ajo.

Ha visto el cartel desde la calle y… Un marido, un amante, unas fotos. Javier (o quizá Harry) tarda 7 minutos en deducir que la mujer está colgada. Más colgada que el cartel de letras negras sobre amarillo. Más colgada que él mismo. Eso es estar muy colgada.

Nunca protagonizó una novela hardboiled. Nunca inspiró un neo-noir en el cine. Javier, Harry, (sólo) valió para un cuento, este cuento de aburrimiento y hastío, que no da ni para 2 páginas. Una historia en la que no se resuelve el caso. Básicamente, porque no hay caso.

E. B.

Harry's Agencia de Detectives

Cuento de Kafka

mayo 2, 2011

“Alas,” said the mouse, “the world is growing smaller every day. At the beginning it was so big that I was afraid, I kept running and running, and I was glad when at last I saw walls far away to the right and left, but these long walls have narrowed so quickly that I am in the last chamber already, and there in the corner stands the trap that I must run into.” “You only need to change your direction,” said the cat, and ate it up.

En inglés, porque así fue tal y como lo encontré en el ensayo “Some remarks on Kafka’s funinness from which probably not enough have been removed”, de David Foster Wallace.

Por qué escribo relatos o para cuándo novela

febrero 18, 2011

Cuando hace quince años Marle me dio permiso para vender la cocina y la nevera y así poder pagar la publicación de mi primer libro de cuentos, jamás imaginé que aquella decisión acarrearía tanta prosperidad en el barrio: la pizzería de la esquina comenzó a repartir a domicilio, el restaurante chino levantó un segundo piso y un chiringuito de pollos asados fue inaugurado en nuestra propia calle. Con la inflación llegaron los aumentos de precios y las hamburguesas de
gato, y al final tuvimos que salir del Perú para instalarnos en Sevilla, donde se vive, se come y se goza sin sobresaltos. Eso sí, aquí no hemos comprado cocina aunque sí refrigeradora porque es el único sitio donde puedo escribir fresquito durante el verano.
Una metáfora boxística aplicada a la literatura señala que en las novelas hay que ganar por puntos y en los relatos por knock-out, pero estos años de creación rápida y comida literaria me sugieren símiles alimenticios: la novela puede ser poco hecha y el cuento debe estar bien cocido. La novela siempre engorda y el relato suele tener las calorías justas. La novela una vez abierta aguanta muy bien en la nevera y el cuento tiene que consumirse de inmediato. La novela lleva conservantes y el relato es pura fibra. La novela siempre consiente una recalentada, mientras que el cuento —como la película— “sólo se fríe una vez”. La novela es un potaje caliente de hervores casi intestinales y el relato una comida fría de bricolaje vegetal. La novela quita el hambre y el cuento abre el apetito.
En la intimidad de este párrafo quiero volver a recordar a Marle. El pan y la cebolla nos han servido para aliñar buenos relatos, pero como es imposible seguir viviendo del cuento pronto empezaré a guisar una novela. Te prometo, mi vida, que entonces compraremos una cocina.

Fernando Iwasaki. Prólogo a “Un milagro informal” (Alfaguara, 2003)

Fernando Iwasaki

Big Boy

diciembre 3, 2009

Encontré este cuento en la cafetería de la Ruhr Universität de Bochum, Alemania. Forma parte del libro “Me Talk Pretty One Day” de David Sedaris.

It was Easter Sunday in Chicago, and my sister Amy and I were attending an afternoon dinner at the home of our friend John. The weather was nice, and he’d set up a table in the backyard so that we might sit in the sun. Everyone had taken their places, when I excused myself to visit the bathroom, and there, in the toilet, was the absolute biggest turd I have ever seen in my life – no toilet paper or anything, just this long and coiled specimen, as thick as a burrito.

Se puede leer completo [aquí]

Historia de los dos que soñaron

noviembre 1, 2009

El historiador arábigo El Ixaquí refiere este suceso:

«Cuentan los hombres dignos de fe (pero sólo Alá es omnisciente y poderoso y misericordioso y no duerme), que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan. Trabajó tanto que el sueño lo rindió una noche debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño un hombre empapado que se sacó de la boca una moneda de oro y le dijo: “Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla.” A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros de los desiertos, de las naves, de los piratas, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres. Llegó el fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y, por el Decreto de Dios Todopoderoso, una pandilla de ladrones atravesó la mexquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron con el estruendo de los ladrones y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea. El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo, y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo cerca de la muerte. A los dos días recobró el sentido en la cárcel. El capitán lo mandó buscar y le dijo: ‘¿Quién eres y cuál es tu patria?’ El otro declaró: ‘Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Mohamed El Magrebí’. El capitán le preguntó: ‘¿Qué te trajo a Persia?’ El otro optó por la verdad y le dijo: ‘Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que esa fortuna que prometió deben ser los azotes que tan generosamente me diste.’

»Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las muelas del juicio y acabó por decirle: ‘Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente, y bajo la fuente un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, engendro de una mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete.’

«El hombre las tomó y regresó a la patria. Debajo de la fuente de su jardín (que era la del sueño del capitán) desenterró el tesoro. Así Dios le dio bendición y lo recompensó y exaltó. Dios es el Generoso, el Oculto.»

(Del libro de Las mil y una noches, noche 351)

Leído en “Historia universal de la infamia”, de Jorge Luis Borges.

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El perro sabio

octubre 30, 2008

Un día indeterminado, pasó un perro sabio delante de un grupo de gatos.

Y, reparando en que los gatos hablaban entre ellos, sin notar su presencia, se paró para oír la conversación.

En ese instante, uno de los gatos, de aspecto grave, se levantó y les dijo así a sus camaradas: “Rezad, hermanos míos, pues después de haber rezado mucho, no dudo que lloverán ratones del cielo”.

Al oír esto, el perro se rió para sí y, continuando su camino, dijo: “Son gatos sin juicio e insensatos. ¿Acaso no está escrito desde siempre, lo que ya sabían mis antepasados, que cuando rezamos no caen ratones del cielo, sino que llueven huesos?”.

De “El loco”, de Gibrán Jalil Gibrán.

Hernán Casciari

septiembre 28, 2008

Como la reacción más típica al escuchar un nombre es preguntar “¿Quién es?” voy a optar por un poquito de copiar/pegar de la Wikipedia:

Hernán Casciari nació en Mercedes (Provincia de Buenos Aires, en Argentina), el 16 de marzo de 1971. Es un escritor y periodista argentino. Se le conoce por su trabajo por la unión entre literatura y weblog, destacado en la blogonovela.

Suficiente como introducción. No tengo muy claro de qué va eso de las blogonovelas, ni creo que sea el momento de investigarlo. Simplemente le dedico la entrada de este domingo a Hernán Casciari porque paseando por un blog encontré un texto suyo que me gustó mucho. Se llama supongamos:

Supongamos que alguien descubre, por casualidad o empecinamiento, la solución a las grandes preguntas: qué es la vida, de dónde venimos, a dónde vamos, para qué estamos aquí. Supongamos que las respuestas han estado todo el tiempo frente a las narices de cualquiera: en la interpretación de las nubes, en el dibujo de las huellas dactilares de un niño, en un grano de café. Supongamos que las respuestas halladas dan satisfacción a todos los hombres: a los que razonan y a los que sienten, a los que confían y a los que niegan, a todos. Imaginemos que La Verdad nos ilumina de una vez y para siempre. ¿Qué pasaría entonces? ¿La noticia aparecería en la tapa del Clarín? ¿Deberíamos no ir a trabajar al día siguiente? ¿Los abogados dejarían de lado sus trapicheos? ¿Alguien haría otra película genial? ¿Ella me querría? Si la respuesta es no, la filosofía me amarga.

Este texto pertenece a un libro de cuentos de 150 palabras llamado “Ciento cincuenta de mortadela”.  Se puede leer en el blog de Casciari pulsando aquí.

El último hombre

mayo 26, 2008

Zacarías sobrevivió a la destrucción nuclear. La mañana siguiente a la explosión era el último hombre en la Tierra. Pasó una semana encerrado en su casa, hasta que el lunes siguiente la escasez de comida fue haciéndose patente y se decidió a salir.

Sacó el coche del aparcamiento mientras el modo aleatorio de su iPod le obsequiaba con un tema de los Smash. Habría preferido arrancar el coche y escuchar algo como Help! I need somebody! Help! o quizá un It’s the end of the world as we know it, pero no, al garrotín, al garrotán, de la vera vera vera de San Juan. Zacarías indicó un giro a la derecha con el intermitente y metió segunda.

Una semana después, Zacarías dejó de respetar los stop. Sin embargo, aún se sorprendía inmóvil ante el rojo de los semáforos, con la vaga esperanza de cruzarse con algún otro ser humano.

E.B.

Aleteio el vidente

mayo 9, 2008

Los sábados se llama Aleteio, y es vidente. Esos días se levanta tarde, nunca antes de las doce, cansado y con dolores fruto de la noche y los excesos. Tras un desayuno, o no, porque a veces de tarde la hora se acerca demasiado a la del almuerzo, se sienta frente al ordenador y prepara los horóscopos de la semana, que esa misma tarde enviará por e-mail a la redacción del periódico del pueblo.

Bajo el nombre de Aleteio, en su columna del horóscopo, siempre aparece la foto de un tipo con pelo largo y negro, barba poblada y ojos penetrantes. Agustín es imberbe, tiene los párpados ligeramente caídos y una cara de funcionario que no puede con ella. Y de hecho, esa era su idea, hacerse funcionario como su padre y como ya antes lo fue su abuelo. Pero las oposiciones se torcieron, y al no ver futuro en el tema comenzó con todo esto de la videncia.

“Tauro: Deberías buscar tiempo para disfrutar del descanso”, “Libra: Se avecinan tensiones en el trabajo”, “Leo: No quieres dar tu brazo a torcer, pero luego lamentarás las discusiones”. Aleteio se permite a veces el divertimento de escribir algo así como “Capricornio: Rojo es el color y 7 tu número. Búscalo”. Pero sin duda, lo mejor de su profesión es cuando el viernes por la noche, cuando aún se llama Agustín, acodado en la barra de un bar intercambia números de teléfono con desconocidas que inocentemente, entre estudias o trabajas, dos con cola y uno con seven up, diez de diciembre, qué casualidad yo el mes siguiente, enero. Así que ahora que Agustín sabe que se trata de una Sagitario, le pide que el lunes siguiente lea su horóscopo en el diario local, le pide que no lo olvide, y ella extrañada acepta.

A la mañana siguiente, Aleteio teclea en el ordenador “Sagitario: El viernes conociste a alguien muy especial, trata de reencontrarlo”. Entonces pulsa “Enviar” y apaga el ordenador mientras una sonrisa se dibuja en su rostro.

El lunes suena el móvil de Agustín, y más tarde, decenas de parejas se reencuentran al caer la noche en el pueblo.

E.B.

El gesto de la muerte, de Jean Cocteau

febrero 23, 2008

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahán.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

-Esta mañana, ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahán esta mañana, y debo tomarlo esta noche en Ispahán.