Metropolitan Museum

Las tallas egipcias de madera polícroma, las cabezas de basalto de los dioses y los faraones, los gatos momificados, las estelas funerarias griegas, los ídolos abstractos de las islas Cicladas, los bronces romanos de caras atormentadas y ansiosas, los carros etruscos, los cristos medievales, las rejerías góticas, los patios de palacios renacentistas, las armaduras de morriones emplumados y filigranas de acero, los clavicémbalos que pudo tocar Johann Sebastian Bach, los violines de Cremona, los toros alados asirios, las máscaras ceremoniales del centro de África, los trajes de brocados y los antifaces del carnaval de Venecia, las piraguas con calaveras talladas de los antropófagos de Polinesia, los primeros daguerrotipos, los bocetos en cera de las bailarinas de Degas, los mármoles y los bronces de Rodin, las pinturas eróticas de un dormitorio de Pompeya, una columna rota del templo de Diana en Éfeso, tan grande como el tronco de una sequoia, una Mujer de blanco pintada por Picasso en 1923 que es un retrato idealizado y una declaración de amor a su amiga norteamericana Sarah Murphy, un autorretrato de Giorgio de Chirico, una escena de cafetería de Edward Hopper, la luz gris de una habitación de Vermeer, la dignidad sosegada y alerta del Juan de Pareja de Velázquez, los vidrios pintados de una lámpara Tiffany, la historia entera de las artes, de las vidas, de todas las religiones y las herejías, de las técnicas egipcias de momificación, de los imperios y de las ruinas, de los arqueólogos que iluminaban con lámparas de petróleo las cámaras de las tumbas y excavaban la arena de los desiertos, de la soberbia de los plutócratas americanos que a finales del XIX recorrían el mundo comprando tesoros, templos enteros, obeliscos egipcios, pórticos despedazados, amuletos prehistóricos, collares incas de oro macizo, ojos de vidrio de exvotos ofrecidos en santuarios griegos: el Metropolitan es el reverso de esas religiones puritanas que proscriben las imágenes como blasfemias contra Dios; es el archivo del culto primitivo y plural de todas las imágenes, el santuario ingente consagrado a su celebración, a honrar a quienes las tallaron, las esculpieron, las pintaron, atreviéndose a reflejar la riqueza del mundo visible y a competir con ella creando gozosos simulacros que la imitan o imaginando criaturas que no existen en la realidad.

Antonio Muñoz Molina, Ventanas de Manhattan

Museum Girl

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