El viaje alucinante del profesor Hoffmann

Hacía cinco años que había abandonado sus investigaciones acerca del dietilamida de ácido lisérgico al no encontrarle ninguna utilidad aparente. Sin embargo, como siguiendo un curioso presentimiento, ahí estaba de nuevo en los laboratorios Sandoz de Basilea esa tarde de abril de 1943 trabajando con él. Albert Hoffmann, químico suizo, sintió una sensación extraña y se fue a casa antes de lo habitual. Una vez allí, se tumbó en el sofá y el mundo explotó. El mundo se disolvió en un kaleidoscopio de colores, formas, espirales y luz.

El lunes siguiente Hoffmann decidió experimentar disolviendo 0.25 miligramos de LSD diluidos en 10cc de agua. ¿Era esa sustancia la que le había provocado las visiones tres días antes? Por su experiencia con otros alcaloides Hoffmann decidió que era una dosis apropiada. Bebió el vaso y no ocurrió nada.

No ocurrió nada hasta las 5 de la tarde, hora en que el laboratorio empezó a deformarse a la vez que Hoffmann notaba una especial dificultad para hablar de forma inteligible. Le pidió a su asistente de laboratorio que le acompañase a casa y ambos emprendieron uno de los viajes en bicicleta más famosos de la historia. Un viaje alucinante.

Hoffmann peladeaba con vigor pero no notaba que avanzase. Una sensación de inmovilidad le invadía. Cuando llegó a su casa los muebles giraban y sufrían extrañas mutaciones. En medio de las alucinaciones Hoffmann fue capaz de pedirle a su asistente un vaso de leche, un signo de lucidez por su parte pues ésta sirve de antídoto para numerosos venenos. El vaso le fue servido por una bruja con una máscara de colores. Hoffmann se asustó. ¿Estaba siendo poseido por el diablo? Gritó y se estremeció en el sofa. Sintió que se moría.

Sin embargo al rato volvieron las imágenes maravillosas. Imágenes que se abrían y se cerraban en círculos y espirales. Cada sonido provocaba colores. Su doctor no encontró nada extraño en él físicamente salvo sus pupilas extremádamente dilatadas. La sustancia abandonó su cuerpo y al día siguiente Hoffmann se sintió profundamente cambiado, fresco y con la mente clara.

La sensación de unión con la naturaleza, de comprensión de la creación, le hizo que había encontrado el sacramento de la edad moderna: un antídoto para el hastío provocado por el consumismo, la industralización y la crisis espiritual de su épica.

En los años sesenta, Timothy Leary, profesor de Harvard le contó a sus alumnos las maravillas del LSD. Su consumo se volvió una epidemia. Se ingería de forma impura y pronto fue culpada de accidentes, asesinatos e intentos fallidos de volar.

El sueño de Hoffmann se corrompió y con él la humanidad volvió a perder una oportunidad, una vez más.

Albert Hoffmann falleció el 29 de abril de 2008 a la edad de 102 años.

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Una respuesta to “El viaje alucinante del profesor Hoffmann”

  1. issis Says:

    conocí a la hija de su ayudante.

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